Gramática y/o léxico

En la enseñanza (y aprendizaje) de segundas lenguas hay cierta tradición que considera los conceptos de “gramática” y “vocabulario” (o “léxico”) como los dos polos opuestos de la lengua. Es una tradición poderosa y omnipresente que deja huella en los manuales (con sus listas de vocabulario y sus consejos gramaticales), en los exámenes (con sus preguntas de gramática y sus preguntas de vocabulario), en el discurso del profesor (“hoy vamos a ver gramática”, “mañana haremos control de vocabulario”, etc.) y en el discurso de los alumnos (“a mí se me da muy bien la gramática, pero mi vocabulario es muy limitado”, “yo tengo mucho vocabulario, pero no entiendo la gramática”). Sin embargo, es una tradición injusta e injustificada que reduce y deforma la lengua hasta convertirla en una caricatura de sí misma.

Según el D.R.A.E., la gramática es la “ciencia que estudia los elementos de una lengua y sus combinaciones” y el vocabulario es el “conjunto de palabras de un idioma”. Como vemos, el D.R.A.E. asocia la gramática a la lengua nativa y el vocabulario a la lengua no nativa (o idioma); pero, si conseguimos ignorar esta caprichosa (e incomprensible) diferencia,  todo parece indicar que ese conjunto de palabras que constituyen el vocabulario de una lengua (o idioma) es parte de los elementos que la (o lo) conforman de manera que el vocabulario (o léxico) no es el polo opuesto de la gramática sino una parte de la misma.

Esta idea no sólo está legitimada por el D.R.A.E. sino, también y sobre todo, por la propia tradición gramatical que distingue, dentro de la gramática, varios niveles: el fonético/ fonológico/prosódico, el morfológico, el léxico, el sintáctico, el discursivo y el pragmático. Todos estos niveles forman parte de lo que llamamos “gramática”, así que no importa que hablemos de entonación ascendente y descendente, de sinónimos y antónimos, de indicativo y subjuntivo, de tema o rema o de mayor y menor cortesía porque en todos los casos estaremos hablando de aspectos gramaticales.

Teniendo esto en cuenta, se advertirá que la desafortunada tradición a la que nos referimos peca de separar y enemistar dos conceptos que son uña y carne (o quizás sería mejor decir “uña y cuerpo”, pues la uña=léxico es parte del cuerpo=gramática); pero,  además, convendría plantearse qué es lo que se entiende por esta “gramática” desprovista de léxico o vocabulario: ¿acaso incluye aspectos relacionados con la pronunciación y entonación, con la morfología, con el discurso o la pragmática? Me temo que no, al menos no de forma sistemática y coherente sino, como mucho, de forma arbitraria y excepcional. De hecho, la gramática que se trabaja en ELE desde esta perspectiva es, fundamentalmente, de carácter sintáctico y, ocasionalmente, morfológico (sobre todo, en relación con las desinencias verbales); y se focaliza bien en determinados contrastes como ser/estar, indefinido/imperfecto, indicativo/subjuntivo, etc, bien en determinadas formas (imperativo, condicional, verbos reflexivos, pronombres interrogativos, etc.) asociadas a funciones comunicativas (dar órdenes o consejos, pedir información o favores, etc.). Y, como esta gramática se considera el polo opuesto del vocabulario o léxico, se presenta como un aspecto puramente formal (es decir, desprovisto de significado) basado en lotes de reglas y excepciones.

En realidad, esta oposición entre “gramática” y “vocabulario” recuerda mucho a la oposición entre “significante” y “significado” que planteaba Saussure para describir el signo lingüístico: la gramática es el significante, mientras que el vocabulario es el significado. Sin embargo, si Saussure levantara la cabeza, nos acribillaría por hacer este paralelismo porque no hay nada más lejano a su teoría que esta oposición entre “gramática” y “vocabulario”.

De hecho, lo mejor que podemos hacer para dejar que Saussure repose tranquilo en su tumba es recurrir a la Gramática Cognitiva, donde la lengua (y la gramática) se define como una estructura simbólica similar al signo sausseriano:

“What does this mean, exactly? Let us first define a symbol as the pairing between a semantic structure and a phonological structure, such that one is able to evoke the other. A simple lexical item, such as skunk, is thus symbolic because it resides in the pairing between a meaning and a phonological shape. Grammar, of course, is concerned with how such elements combine to form complex expressions. The basic tenet of CG is that nothing beyond symbolic structures need be invoked for the proper characterization of complex expressions and the patterns they instantiate. […] This is one aspect of its theoretical austerity. What makes it possible is the notion that lexicon, morphology, and syntax form a continuum fully reducible to assemblies of symbolic structures(Langacker, Cognitive Grammar. A Basic Introduction, 2008: 5-15).

Este carácter simbólico de la lengua hace que cualquier expresión lingüística (desde una simple palabra hasta un discurso de propaganda electoral) esté compuesta de un plano fonológico (su forma) y un plano semántico (su significado). Por eso, Langacker insiste en la idea de que “grammar is meaningful“. Por eso, puestos a hacer caricaturas, yo diría que la gramática también es vocabulario (porque tiene significado) y el vocabulario también es gramática (porque tiene leyes formales como, por ejemplo, las de derivación).

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