Gramática Cognitiva y léxico

Recientemente, el profesor Alejandro Castañeda Castro de la Universidad de Granada (España) ofreció una conferencia sobre la aplicación de la Gramática Cognitiva en ELE en el programa “Zaragoza Lingüística” de la Universidad de Zaragoza (España):

https://zaragozalinguistica.wordpress.com/2015/03/03/ensenar-ele-desde-la-gramatica-cognnitiva/

Después de ver y escuchar la conferencia, una amiga y colega me preguntó hasta qué punto pueden aplicarse los principios de la gramática cognitiva y pedagógica al aprendizaje del léxico. Y, aunque no soy en absoluto una experta en cuestiones léxicas, voy a intentar responder a su pregunta desde mi humilde visión como profesora de E/LE seducida por el cognitivismo.

1. ¿Qué entendemos por léxico?

Según Langacker, el léxico es “the set of fixed expressions in a language” (Langacker, 2008: 16). Esta definición se distancia del modo en el que el D.R.A.E. define el concepto de vocabulario como el “conjunto de palabras” de una lengua, pues va más allá: no se trata únicamente del conjunto de palabras sino, también, del conjunto de expresiones fijas de una lengua: “Observe that there are fixed expressions larger than words (like moonless night), and there are possible words – such as dollarless – that are novel rather than familiar and conventionally established” (Langacker, 2008: 17).

Esta idea implica que, según la G. C., la enseñanza/aprendizaje de léxico no debería limitarse a las palabras (simples o compuestas) sino que debería incluir el resto de unidades léxicas como son las llamadas “colocaciones”  (vino {tinto/rosado/blanco}, prodigarse en {elogios/alabanzas/detalles}, saludar {efusivamente/calurosamente}, {mil/muchas} gracias, etc. ), las perífrasis verbales (acabar de, estar a punto de, volver a, etc.), las locuciones verbales (tener razóndarse cuenta, hacer pie, etc.) o no verbales (sin duda, a veces, de vez en cuando, a pesar de, a fin de, etc.) y las unidades fraseológicas o idiomáticas (de cabo a rabo, a ojo de cubero, meter la pata, etc.).

Y, volviendo a eso que llamamos “palabras”, es evidente que la enseñanza/aprendizaje de léxico tampoco debería limitarse, como ocurre tradicionalmente,  a los sustantivos, adjetivos, verbos y adverbios sino que debería incluir el resto de categorías léxicas (determinantes, cuantificadores, preposiciones, conjunciones e incluso interjecciones). Además, teniendo en cuenta la flexibilidad de la lengua y los procesos de derivación que afectan a las palabras (emoción, emocionante, emocionado, emocionar(se), emocionadamente, etc.), nunca está de más enseñar/aprender estos procesos para favorecer la capacidad del alumno de crear palabras que quizás nunca ha escuchado ni leído pero, sin duda, existen en el vocabulario de la lengua.

2. ¿Cómo se puede enseñar y aprender léxico?

La G. C. busca la lógica de cualquier marca (-aba, -é, -(e)s, etc.) o expresión lingüística (ej. esta mesa, la mesa) en su significado, pero estos significados suelen ser más abstractos y menos transparentes que el significado de una simple palabra como, por ejemplo, mesa. De hecho, los sustantivos, adjetivos, verbos y adverbios son las categorías léxicas que más se resisten a un tratamiento cognitivo porque la relación entre su forma y su significado está fuera de la lógica de la lengua: ¿por qué llamamos, en español, “mesa” a la mesa?, ¿por qué no traducimos “table” por “tabla”?, ¿qué lógica hay aquí? Esto es imposible de explicar en una clase de ELE. No puede hacerse ni desde la G. C. ni desde ninguna otra corriente lingüística a no ser que nosotros y nuestros estudiantes sepamos latín y seamos expertos en etimología. De hecho, ni aún así podríamos hacerlo porque: ¿cuál es la lógica que justifica que, en latín, se llamara mensa a la mesa?

Por eso, la enseñanza/aprendizaje de léxico (sobre todo, de las palabras cuyo significado puede traducirse inequívocamente a la lengua nativa de los aprendientes) suele seguir las mismas pautas a lo largo y ancho del planeta: los profesores presentamos cierto vocabulario en relación a cierto tema o situación, fomentamos el uso del mismo a través de actividades de práctica y reforzamos su aprendizaje mediante “quizzes”, controles o juegos; mientras que nuestros alumnos lo aprenden y aprehenden a través del uso y, si es necesario, recurren a otras técnicas (las típicas listas de vocabulario, las “flashcards”, etc.) de apoyo.

3. ¿Cómo puede contribuir la Gramática Cognitiva en el aprendizaje del léxico?

Sin embargo, la G. C. puede servir de gran ayuda para abordar cualquier aspecto relacionado con la posibilidad combinatoria de las palabras. Y aquí entran infinidad de cuestiones, algunas de las cuales pueden suponer el foco de toda una clase, aunque otras quizás sólo pueden “pillarse al vuelo” de forma casual y espontánea a propósito de algún inesperado hallazgo, error o duda del alumno.

Entre estas innumerables cuestiones, la G. C. sirve para:

–  Enfocar los aspectos tradicionalmente gramaticales (o formales) como, por ejemplo, la diferencia entre ser y estar, por y para, peinar y peinarse, ir e irse desde una perspectiva léxica (o semántica). Cada una de estas formas es una palabra con un significado particular que conviene identificar y clarificar para ayudar al alumno a gestionar su uso en el contexto comunicativo de la lengua (es decir, en combinación con otras palabras y expresiones).

– Destacar el sentido metafórico que pueden tener infinidad de expresiones verbales como “estar en lo correcto” o “estar en contra” (donde “lo correcto” y “contra” se conciben como espacios donde nos localizamos) o “{defender/apostar por} una idea“, “quedarse de brazos cruzados“, “estar hecho un lío“, “pasar factura“, “romper moldes“,  etc; o no verbales como “círculo vicioso”, “callejón sin salida”, “prueba de fuego”, “enfermo de amor”, “rico en fibra”, “pobre en ideas”, etc. También hay numerosos sustantivos que suelen usarse en sentido metafórico como  “base”, “fundamento”, “meta” o “fuente”, “la cumbre de una negociación”, “el lecho de un río”, “la dirección que toma una conversación”, etc. Y, por último, no hay que olvidar que algunas preposiciones, adverbios y locuciones son metáforas en sí mismos (enfrente / frente a / a expensas de / a costa de / en metálico / a la fuerza).

– Encontrar una lógica en el uso de las llamadas “colocaciones” como, por ejemplo, “hacer {frío/calor/sol/viento} / tener {frío/calor} / estar {frío/caliente} / ser {frío/caliente}“, o “prodigarse en {elogios/alabanzas/agradecimientos/detalles}”.

– Identificar las diferencias de sentido y uso de los aparentes “sinónimos” como: “poner/colocar”, “hacer/realizar”, “tener/disponer”, “decir/contar”, “ver/mirar”, “helado/congelado”, “recto/derecho”, “alrededor/en torno a”, “de/desde”, “a/hasta”, etc.

4. Consejos

Alejandro Castañeda menciona en su conferencia tres herramientas que pueden servir de gran ayuda en la enseñanza/aprendizaje de la gramática en general: a) los grados de abstracción, b) el contraste entre el perfil (lo designado) y la base (lo implicado) y c) la diferencia de perspectiva. Y, como él mismo demuestra con algunos ejemplos, estas herramientas también pueden aplicarse al léxico para trabajar las similitudes y diferencias de sentido entre distintas unidades léxicas. Los grados de abstracción son muy útiles para crear mapas conceptuales o redes semánticas; el contraste perfil/base sirve para explicar y entender diferencias como las que encontramos en “esquina/rincón” (ejemplo de Castañeda); o para asociar palabras por su implicación, sea recíproca (“tío/a” implica “sobrino/a” y “sobrino/a” implica “tío/a”) o no (“arco” implica “círculo”), y el cambio de perspectiva resulta de gran ayuda para dar cuenta de diferencias como las que hay entre ir/venir, llevar/traer, de/desde, etc.

Por último, dado que buena parte de los procesos cognitivos que intervienen en la conceptualización de significados se basan en experiencias humanas relacionadas con el espacio y el movimiento, es recomendable trabajar el léxico de una manera lo más visual y dinámica posible para ilustrar su significado en el aula. Y, dado que el léxico solamente es una parte del cuerpo gramatical, recomiendo no perder de vista el resto de partes de ese cuerpo: no es lo mismo “sueño” que “sueña”, ni “sueños” que “sueñas”, ni “peso” que “pesar”, ni “pesar” que “pesada”, ni “pesada” que “pesadilla”, ni “que sueñes con los angelitos” es lo mismo que “buenas noches”.

3 pensamientos en “Gramática Cognitiva y léxico

  1. Querida Sonia,

    Gracias por responder con este post a las dudas que te planteé. Me interesó mucho un comentario que hiciste en las redes a propósito de la conferencia de Castañeda como ejemplo para ” romper esas falsas dicotomías entre léxico/gramática o comunicación/gramática”. Después de ver la conferencia no entendí a lo que te referías, pero me hizo preguntarme si algunos de los principios de la GC y pedagógica serían aplicables a la enseñanza del léxico, especialmente cuando hablamos de la dimensión de la perspectiva.
    Es muy posible que todavía esté muy arraigada entre los profes la creencia de la gramática como un sistema de formas y el léxico como palabras aisladas con significado. Entiendo que el léxicón es algo más que las palabras y que hay muchos tipos de unidades léxicas (colocaciones, expresiones idiomáticas, fórmulas sociales y palabrejas). Con tus ejemplos veo claro en qué casos puede funcionar aplicar la noción de perspectiva y la distinción entre perfil/base. Sin embargo, consideras el léxico como “solamente una parte del cuerpo gramatical”. ¿Por qué afirmas esto? No es una pregunta retórica, me interesa mucho y como hay confianza te pregunto. ¿Y cómo tratas tú el aprendizaje del léxico en el aula? Como la cosa va de palabrería te dejo un tema que viene al pelo: #parole

    ¡Seguimos!

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    • Draga Vanessa:
      Si, como propone Langacker, el léxico es el conjunto de palabras y expresiones fijas de la lengua, me parece evidente que solo es una parte de la gramática (es decir, del sistema de la lengua). Si los humanos aprendiéramos una lengua (nativa o no) únicamente a base de repetir las expresiones que escuchamos, entonces quizás podríamos decir que el léxico lo es todo. Sin embargo, esto no es así. Sin duda, una parte del aprendizaje/adquisición pasa por repetir palabras y/o expresiones, pero los niños (y los aprendientes de segundas lenguas) también aprenden deduciendo reglas (consciente o inconscientemente) y experimentando a base de ensayo y error (si no, no dirían “yo no cabo”, por ejemplo), etc. Esto está relacionado con la teoría de la “gramática universal” de Chomsky que, a mi juicio, también defienden Pinker y los cognitivistas. Y esta “gramática universal” es la base que tenemos en el cerebro que nos permite ir acomodando todo lo que vamos aprendiendo dentro de una lógica. Y esta lógica no se aplica tanto al nivel léxico (=palabras y expresiones fijas) sino, más bien, al resto de niveles de la lengua (desde el morfológico hasta el pragmático). Por ejemplo, si un adulto le pregunta a un niño “¿Qué quieres merendar?, ¿quieres fruta?”, y el niño responde: “No. Fruta no quiero. Quiero chocolate”, aquí hay infinidad de cosas que el niño manifiesta haber aprendido, además de las palabras “querer”, “fruta” y “chocolate”. Entre ellas, la diferencia entre “Fruta no quiero / No quiero fruta” y “Chocolate quiero / Quiero chocolate”. Los hablantes nativos, en general, no son conscientes de esta lógica porque la han aprendido de forma implícita e inconsciente; pero en la enseñanza de segundas lenguas (especialmente a adultos) conviene visibilizarla, hacerla explícita. Éste es el principal objetivo de la G.C.

      No sé si me explico, Vane. Quizás este poema lo explique mejor porque, para construir algo así, no es suficiente con tener un conjunto de unidades léxicas en la cabeza: https://www.youtube.com/watch?v=YDEH7OlASLE

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