Steven Pinker y los árboles que no dejan ver el bosque

1. Steven Pinker (Harvard University): “The Psychology of Innuendo and Euphemism” 

Steven Pinker es un maestro de la ciencia cognitiva especialista, entre otras cosas, en la psicología del lenguaje. Entre sus libros destaco el único que he leído, El instinto del lenguaje (1994), donde explica que el lenguaje no es algo que aprendamos en sociedad sino algo innato que ya llevamos bajo el brazo cuando nacemos. Dicho así puede parecer absurdo pues es evidente que no nacemos hablando y que, de hecho, todos hemos necesitado que alguien nos enseñara a hablar. En realidad, la idea es que todos nacemos con la facultad del lenguaje y la capacidad de aprender cualquier lengua en el cerebro, y está estrechamente vinculada a la teoría (también cognitiva) de Noam Chomsky sobre la Gramática Universal. Para comprender esto no hay más que observar cómo y cuán rápido aprenden los niños una lengua: no lo hacen únicamente repitiendo palabras o cadenas de palabras como loritos, sino ajustando todo a una especie de engranaje básico que va evolucionando a medida que se aprenden nuevas reglas y excepciones. Esta especie de engranaje básico es la Gramática Universal de Chomsky, y es lo que explica que un niño de 3 años pueda crear por sí mismo un enunciado completo lleno de lógica y sentido aunque no lo haya escuchado tal cual en su vida.

Del discurso que Pinker presentó en la 4th International Conference on Foreign Language and Applied Linguistics de Sarajevo destaco mi propia experiencia como oyente con un nivel intermedio de inglés porque creo que puede resultar útil a los que enseñamos segundas lenguas. La principal idea que extraigo de esta experiencia es que, aunque un discurso oral esté perfectamente estructurado, tenga un nivel de complejidad más o menos acorde a la capacidad de comprensión de sus oyentes, resulte atractivo e interesante por su contenido y sea capaz de establecer un contacto directo y auténtico con el público, siempre puede haber algún detalle que llame excesivamente la atención y despiste al personal, dificultando así el seguimiento del hilo discursivo y la comprensión general del discurso. Esto puede ocurrir en nuestra lengua nativa, pero hace mucho más daño cuando ocurre en una lengua extranjera.

Empecemos por el título: yo sé qué es un eufemismo, pero ¿qué es un “innuendo”? A mí este vocablo sólo me recuerda una canción:

Por suerte, el discurso de Pinker empezó por ahí, pero no fue fácil comprender el significado de “innuendo” porque lo asociaba con el discurso indirecto (=”indirect speech”) de manera que pensé que debía tratarse de algún tipo de transmisión de mensajes ajenos como nuestro “dijo que”. Luego Pinker dijo que un “innuendo” es lo que ocurre en el lenguaje cuando decimos lo que queremos decir sin decirlo expresamente y diciendo otra cosa en su lugar, y esperamos que nuestro interlocutor comprenda lo que queremos decir y no hemos dicho. Ese trabalenguas dicho en inglés me atabaló tanto que no comprendí nada hasta que no dio un ejemplo de la vida real, material y concreta:  cuando, después de una primera cita nocturna, la otra persona nos pregunta si queremos subir a su apartamento para ver las hermosas vistas de la ciudad que se ven desde la ventana de su salón en lugar de preguntarnos directamente “¿quieres subir a echar un polvo?”. Así fue como, por fin, entendí que un “innuendo” es una indirecta.

Pero, entonces, me dije: ¿por qué la canción de Queen se llama “indirecta”? “We’ll keep on tryin’ till the end of life” canturreaba para mis adentros, intentando recordar – sin éxito – cómo seguía la letra.  Y así fue como me perdí un chiste de Pinker que hizo reir a carcajadas a todo el público. Entonces me olvidé de Queen y me comprometí a escuchar con atención, pues estaba segura de que iba a haber más chistes y yo también quería reirme en lugar de estar sufriendo y buscando explicaciones en lugares remotos o desconocidos. Efectivamente, poco después hubo otro chiste… que no comprendí por culpa de un palabro (“gaffe”) que me llamó tanto la atención que volví a perderme en el bosque. Toda la culpa la tuvo el propio Pinker, quien hizo un inciso para explicar que “gaffe” es lo que le pasa a un político cuando dice la verdad. Y ahí es donde yo me quedé enganchada, intuyendo que aquello debía tener su gracia pero sin sospechar cuánta tenía (“gaffe” es una metedura de pata) y olvidando por completo el protagonismo del chiste que estaba en marcha.

En relación con la dinámica de las indirectas, Pinker insistió mucho en la diferencia entre el “shared knowledge” y el “common knowledge”. Recuerdo que poco después de su charla una compañera me preguntó cuál era exactamente esa diferencia, y yo pude explicársela sin problemas repitiendo como un loro las palabras de Pinker; pero ahora reconozco que no lo tengo muy claro… Quizás si lo escribo lo entiendo mejor. Veamos. Creo que el conocimiento común es cuando el interlocutor A sabe que el interlocutor B sabe lo mismo y viceversa, y el conocimiento compartido es cuando el interlocutor A {cree que el interlocutor B sabe lo mismo}, o cuando el interlocutor A {cree que el interlocutor B cree que el interlocutor A sabe lo mismo}, o cuando el interlocutor A {cree que el interlocutor B cree que el interlocutor A cree que el interlocutor B sabe lo mismo}, etc. Y creo que, mientras las llamadas “directas” ponen en marcha el conocimiento común, las llamadas “indirectas” sólo funcionan cuando realmente hay un conocimiento compartido entre lo que creen los interlocutores.

¿Un ejemplo de la vida real, material y concreta? Pinker dio unos cuantos basados en las posibles negociaciones que podemos hacer con la policía con el fin de evitar una multa, pero ahí me volví a enganchar a otro árbol espinoso que no me dejó ver el bosque. Era una palabra (“bribe”) que podía comprender en su contexto, pero no podía dar con su equivalente en español. Sólo me salía “chantaje”, pero sabía que “bribe” era otra cosa. Ahora sé que es “soborno”. La cuestión es que, de nuevo, volví a despistarme por culpa de una nimiedad y no pude seguir el hilo del discurso porque mi mente se había obcecado en encontrar la traducción al español de una dichosa palabra.

Si Pinker hubiera presentado su charla ante 20 ó 30 personas, quizás me habría atrevido a alzar el brazo y preguntar; pero en la inmesa sala donde estábamos y ante tantos centenares de personas no me atreví a interrumpirle. Ahora, por respeto a su persona, quisiera cambiar de foco y prestar un poco de atención a lo que creo que entendí de su discurso.

Volvamos a aquello del conocimiento compartido y/o común. Y probemos con el primer ejemplo de las hermosas vistas. Primera cuestión: una cosa es lo que el hablante quiere decir y otra lo que el oyente quiere entender. Segunda cuestión: a veces las indirectas sólo son indirectas en la mente del oyente, y a veces sólo lo son en la mente del hablante. Ejemplo: “¿Quieres subir a mi apartamento para ver las hermosas vistas de la ciudad que se ven desde la ventana de mi salón?” Opción A: Es una indirecta, pero el oyente cree que es una directa, así que acepta, sube, mira por la ventana y se va. Opción B: Es una directa, pero el oyente cree que es una indirecta, así que acepta, sube, mira por la ventana, pide una copa, se quita la chaqueta, bebe, se desabotona un poco la blusa o remanga la camisa, pide otra copa, bebe, va al baño, vuelve, se sienta más cerca del otro (u otra), le pone la mano encima del muslo, le mira a los ojos y, por fin, el otro (u otra) comprende, bosteza exageradamente y dice: “Perdona. Es que estoy muy cansado/a. ¿Quieres que llame a un taxi para que te lleve a casa?”. Opción C: Es una indirecta, pero el hablante no está seguro de que su interlocutor lo sepa, así que le ofrece una copa nada más entrar al apartamento, pone música lenta y sensual, enciende las luces justas, acomoda los asientos de manera que estén muy juntos, se sienta, toma su vaso, lo alza invitando a un brindis, dice algo conmovedor y el otro (u otra) sonríe, comprende y responde mirando la persiana bajada de la ventana: ¿pero no vas a enseñarme las vistas? Opción D: Es una directa, pero el hablante no está seguro de que su interlocutor lo haya entendido literalmente, así que suben, le enseña las vistas, le pregunta dónde vive y le dice: “Espera un segundo. Voy a llamar a un taxi que te va a llevar a casa en un santiamén”. Etc, etc, etc. Todo esto me lo saco del sobaco, pero creo que los derroteros van por aquí.

Por último y para acabar, Pinker explicó que los eventos comunicativos, sean del tipo que sean, dependen del tipo de relación que haya entre los interlocutores. Y distinguió hasta tres tipos de relaciones de los que sólo recuerdo uno: la negociación. En realidad, no importa. Lo que importa es que las indirectas son especialmente sensibles a la relación que haya entre los interlocutores porque si, por ejemplo, un gángster de un clan coge a otro gángster de otro clan por el cuello y le pregunta “¿Quieres subir a mi apartamento a ver las hermosas vistas que se ven desde la ventana de mi salón?”, es evidente que no lo está invitando a echar un polvo sino que, más bien, lo está amenazando de una espantosa muerte ventana abajo. El ejemplo es mío porque los muchos que dio Pinker – cada uno con su gráfico – ya no están en mi pobre memoria de pez.

NOTA 1: Una colega y amiga de Ljubljana me comunica que el contenido de la charla que presentó Pinker en Sarajevo se parece mucho a esto:

http://stevenpinker.com/files/pinker/files/pnas_logic_of_indirect_speech.pdf

NOTA 2: De regalo, recomiendo esta entrevista a Pinker que me pasó un fan suyo: http://news.harvard.edu/gazette/story/2014/05/what-could-be-more-interesting-than-how-the-mind-works/?utm_source=SilverpopMailing&amp%3Butm_medium=email&amp%3Butm_campaign=05.07.daily+1

2 pensamientos en “Steven Pinker y los árboles que no dejan ver el bosque

  1. Querida amiga con memoria de pez:
    gracias por el posteado, por hablar de Pinker y por compartir lo que recuerdas o entendiste de la ponencia. “El instinto del lenguaje” siempre anda por mis mesas y mesillas rulando🙂
    Firmado:
    tu amiga con memoria de sepia-plancha

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    • Querida amiga con memoria de sepia-plancha: Mi lectura de ese libro está íntimamente ligada a mi experiencia en HH porque lo leí allí.
      PD: Cuando te vea, además de un gran abrazo te voy a dar un bocado porque debes estar deliciosa con ese regusto mediterráneo de sepia a la plancha…. ¡Ay, qué saudades!

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